Estados Unidos reaviva la guerra comercial y hunde los mercados bursátiles

El panorama actual de los mercados globales refleja un momento de inflexión histórica.

Los mercados financieros globales atraviesan una de sus semanas más convulsas desde la pandemia, marcada por una oleada de tensiones comerciales lideradas por Estados Unidos, una volatilidad extrema en los principales índices bursátiles y una reacción inmediata y contundente de potencias como China, la Unión Europea y Japón. La intensidad de los movimientos no sólo ha reconfigurado la percepción de riesgo para los inversionistas globales, sino que ha alterado de forma significativa las expectativas monetarias, macroeconómicas y geopolíticas a corto y mediano plazo.

En Estados Unidos, el epicentro de la agitación ha sido la imposición de una nueva batería de aranceles impulsada por el expresidente Donald Trump, generando un terremoto en los mercados. El Dow Jones se desplomó 1.679 puntos (-3,98%), el Nasdaq retrocedió un 5,97% y el S&P 500 cayó un 4,84% hasta los 5.396,52, en la que ha sido la peor sesión desde 2020. El índice de volatilidad VIX se disparó un 30% hasta su segundo cierre más alto desde octubre de 2022, alcanzando niveles no vistos desde abril de 2020. Sorprendentemente, a pesar de las caídas históricas, el VIX se mantuvo debajo de los 30 puntos, lo que representa un fenómeno inusual según analistas técnicos.

La magnitud del desplome ha sido tal que el S&P 500 entró nuevamente en territorio de corrección, cayendo un 9% desde el 28 de febrero. Al mismo tiempo, la probabilidad de recesión en EE.UU. medida por Polymarket se ha duplicado desde el 22% hasta el 47%. A nivel técnico, los analistas de Bloomberg advierten que si el índice se mantiene por debajo del umbral psicológico de los 5.500 puntos, se abriría la puerta para probar mínimos intradía recientes en los 5.488 y 5.504 puntos. Citi, por su parte, reportó que las opciones tipo straddle sobre el SPX anticipaban un movimiento del 1,4%, uno de los mayores para una jornada de NFP en los últimos dos años.

Las consecuencias macroeconómicas de esta política proteccionista no se han hecho esperar. Fitch Ratings advirtió que las tasas arancelarias actuales en EE.UU. han alcanzado niveles no vistos desde 1909 y que estas medidas podrían frenar el crecimiento del país por debajo del 1,7% proyectado para 2025. La directora general de la OMC, Ngozi Okonjo-Iweala, alertó sobre un posible retroceso del 1% en el volumen del comercio global de mercancías este año como consecuencia directa de estas medidas. En términos inflacionarios, Fitch advierte que los nuevos aranceles elevarán los precios al consumidor, afectarán los márgenes empresariales y limitarán la capacidad de la Reserva Federal para recortar tipos en el corto plazo.

La Reserva Federal ha respondido con mensajes cautos. La gobernadora Lisa Cook indicó que la economía sigue sólida, pero ve señales de enfriamiento en el consumo y la inversión empresarial. Señaló que la inflación podría estancarse debido a los aranceles y que la incertidumbre económica actual podría retrasar los recortes. Su colega Philip Jefferson coincidió, subrayando que el mercado laboral sigue fuerte, pero que hay signos de debilitamiento en el gasto de los consumidores. Jefferson reafirmó que no hay necesidad de acelerar ajustes en la política monetaria, y que la actual moderación de tasas está bien posicionada ante los riesgos.

Pese a ello, los operadores del mercado han aumentado las apuestas por una flexibilización de la Fed, asignando un 50% de probabilidades a un recorte en mayo y descontando completamente uno para julio. Sin embargo, Morgan Stanley y Bank of America difieren, descartando recortes en 2024. BoFA incluso proyecta recortes de hasta 200 puntos básicos en 2026 si la economía entra en recesión, aunque advierte que una inflación PCE cercana al 4% podría complicar cualquier flexibilización en el corto plazo.

Desde la Casa Blanca, las señales han sido contradictorias. Mientras varios asesores afirmaron que los aranceles no son objeto de negociación, Trump declaró desde el Air Force One que estaría dispuesto a dialogar si otros países ofrecieran algo “excepcional”. El secretario de Comercio, Lutnick, insistió en que las naciones deben derribar sus propias barreras no arancelarias si desean alivio, y que “no hay un plan sobre el dólar”.

En el frente corporativo, las repercusiones han sido inmediatas. Apple protagonizó una caída histórica del 9,2%, su peor jornada desde marzo de 2020, borrando $300.000 millones de su valor de mercado. El índice de las “Magnificent 7” ha perdido más del 30% desde su máximo del 18 de diciembre. Goldman Sachs reportó que los fondos de cobertura largos/cortos cayeron un 1,7% en el día de la debacle, mientras que uno de sus ejecutivos advirtió sobre un riesgo real de estanflación derivado de las nuevas políticas arancelarias. En paralelo, Intel y TSMC anunciaron un acuerdo preliminar para formar una empresa conjunta, con Intel tomando una participación del 20%, lo que podría representar un intento de mitigar el impacto de la guerra comercial sobre la cadena de suministro tecnológica.

China no tardó en reaccionar. En respuesta a los aranceles estadounidenses, Pekín anunció gravámenes del 34% a todos los productos importados desde EE.UU., que entrarán en vigor el 10 de abril, un día después de la implementación estadounidense. Las autoridades chinas, si bien adoptaron un tono combativo, también dejaron espacio para la negociación, indicando que se enfocarán en el estímulo interno y en fortalecer vínculos con socios comerciales. Analistas de la Gran China interpretan esta postura como una estrategia para minimizar el daño económico mientras mantienen abierta la vía diplomática.

El impacto en los mercados europeos ha sido severo. El crudo Brent cayó un 7% hasta los $69,67 por barril, afectado tanto por la crisis arancelaria como por el incremento de la producción de la OPEP+. La Unión Europea, a través de su jefe de Comercio, Maroš Šefčovič, confirmó que el bloque ya tiene preparadas contramedidas, y que se buscará diversificar las alianzas comerciales para reducir la dependencia de EE.UU. El presidente Macron advirtió que la respuesta europea será “más masiva” que las anteriores, y que se aplicará industria por industria. El miembro del BCE, Peter Kazimir, señaló que los aranceles ya están incorporados en los escenarios pesimistas de las proyecciones del banco central, y que estas medidas buscan claramente debilitar el crecimiento.

En América del Norte, Canadá respondió con firmeza, imponiendo un arancel del 25% a todos los vehículos estadounidenses que no cumplan con el T-MEC. El primer ministro Mark Carney afirmó que los ingresos recaudados —unos 8 mil millones de dólares canadienses— serán destinados directamente a apoyar a los trabajadores y empresas del sector automotriz. En México, la presidenta Claudia Sheinbaum destacó que la buena relación diplomática ha evitado nuevos aranceles a su país, aunque se mantienen conversaciones sobre los sectores automotriz, del acero y aluminio. Además, confirmó que la ministra de Economía estará en Washington D.C. la próxima semana para avanzar en estas negociaciones.

En el plano geopolítico, el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, declaró que se sabrá en semanas si Rusia tiene intenciones reales de paz. También aseguró que los mercados se ajustarán a los aranceles, mientras que, desde la OTAN, el primer ministro Rutte reafirmó el compromiso de EE.UU. con la alianza, descartando que las medidas proteccionistas violen el tratado.

Finalmente, los mercados asiáticos no fueron ajenos al vendaval. Japón, uno de los países más impactados por las medidas estadounidenses, enfrenta lo que su primer ministro calificó como una “crisis nacional”. Prometió unir a toda la nación para responder con políticas de apoyo a las industrias afectadas. El mercado bursátil japonés acumula una caída del 11% en apenas siete jornadas hábiles. En medio de festividades como el Día de Difuntos en China y Hong Kong, los mercados de la región cerraron con fuertes pérdidas y elevada incertidumbre sobre el rumbo comercial global.

El panorama actual de los mercados globales refleja un momento de inflexión histórica. La imposición unilateral de aranceles por parte de Estados Unidos ha desencadenado una serie de reacciones internacionales que no solo han desatado un conflicto comercial multilateral, sino que amenazan con catalizar un proceso de desaceleración económica global y deterioro en las cadenas de valor transfronterizas.

Desde una perspectiva de mercado, el aumento exponencial del VIX, las caídas pronunciadas en los principales índices bursátiles, el desplome del petróleo y el endurecimiento de las condiciones financieras indican una huida acelerada del riesgo. Si bien algunos datos macroeconómicos estadounidenses (como los PMIs) aún muestran resiliencia, los efectos retardados de los aranceles podrían conducir a una reducción abrupta del consumo, de la inversión y del crecimiento económico hacia la segunda mitad de 2025.

Las proyecciones para los próximos meses se polarizan. En un escenario base, si prevalece el diálogo internacional, podríamos ver una estabilización en la volatilidad y una recuperación técnica de los mercados. Sin embargo, si persiste la escalada arancelaria sin un marco multilateral que la contenga, el mundo podría entrar en un ciclo de estanflación, con inflación persistente y crecimiento raquítico, especialmente en economías abiertas y dependientes del comercio como la europea y la asiática.

A corto plazo, los inversores deben prepararse para una elevada incertidumbre, un entorno monetario más restrictivo del previsto y una fuerte rotación sectorial. Las oportunidades se concentrarán en activos defensivos, sectores domésticos, y coberturas ante inflación y volatilidad. Los mercados han comenzado a descontar no sólo una recesión técnica, sino un cambio estructural en la forma en que se entenderá el comercio internacional en la próxima década.