Aranceles de Trump sacuden mercados y amenazan el crecimiento económico

Por Felipe Mendoza, Analista de Mercados Financieros, ATFX LATAM

Los mercados financieros globales enfrentan una semana crítica marcada por un nuevo y profundo episodio de tensiones comerciales, mientras gobiernos y bancos centrales intentan preservar la estabilidad económica frente a la creciente fragmentación del comercio global. Las medidas arancelarias impulsadas por la administración Trump reconfiguran las relaciones económicas internacionales y generan una serie de respuestas políticas, económicas y corporativas que ya están impactando el desempeño de los principales indicadores y sectores.

En Estados Unidos, la coyuntura económica se sitúa en un punto de inflexión. La probabilidad de un recorte de tasas por parte de la Reserva Federal para la reunión del FOMC en mayo se duplicó, pasando del 10% al 25%, reflejo de la creciente percepción de riesgo económico derivada de la guerra comercial. En paralelo, los datos macroeconómicos muestran cierta resiliencia: el cambio de empleo ADP fue de 155.000, superando el pronóstico de 120.000, mientras los pedidos de bienes duraderos excluyendo defensa crecieron un 0,8%, y los pedidos de fábrica aumentaron un 0,6%, por encima del consenso del mercado.

Sin embargo, la presión sobre el consumo se mantiene: la tasa hipotecaria a 30 años según la MBA se ubicó en 6,70%, con una caída en las solicitudes de hipotecas de -1,6%, lo que sugiere una ralentización del mercado inmobiliario. Goldman Sachs reiteró su estimación de +150.000 para las nóminas no agrícolas de marzo, apenas por encima del consenso de +140.000. Mientras tanto, desde el frente fiscal, se anticipa una reunión entre Trump y Thune para discutir el nuevo plan tributario del Partido Republicano en el Senado, en medio de especulaciones sobre una eventual rebaja de la calificación crediticia de EE.UU., advertida por el CIO de PIMCO, Dan Ivascyn.

En términos de política exterior, el Departamento del Tesoro emitió nuevas sanciones relacionadas con Rusia, reforzando su postura internacional. El secretario de Estado, Rubio, reafirmó el compromiso de EE.UU. con la OTAN, enfatizando la necesidad de que todos los miembros aumenten su gasto hasta un 5% del PIB. Paralelamente, el Kremlin comunicó que mantiene la moratoria a los ataques energéticos y que la visita del enviado de Putin, Kirill Dmitriev, a Washington sigue en agenda para el 2 y 3 de abril, con un enfoque en la cooperación internacional.

La ofensiva arancelaria lanzada por la administración Trump impone nuevos tributos a productos provenientes de más de 180 países, incluyendo un arancel del 25% a los automóviles que entrará en vigor el 3 de abril, además de la consideración de eliminar exenciones para envíos baratos desde China y establecer un nuevo servicio de impuestos externos. Algunos sectores como materias primas y energía han sido inicialmente excluidos, según un comunicado detallado de la Casa Blanca. No obstante, estas medidas han suscitado un rechazo global, incluso desde el propio Tesoro: “Yo no intentaría tomar represalias”, declaró el secretario Scott Bessent, reconociendo que, si no hay represalias, esta cifra arancelaria será “la más alta”.

El mercado bursátil reaccionó con nerviosismo. El S&P 500 experimentó movimientos erráticos tras el anuncio de aranceles, mientras bancos de inversión como JPMorgan delinearon escenarios adversos: un incremento general de aranceles que incluya IVA y medidas punitivas al transporte o la tecnología sería el peor de los desenlaces posibles. A su vez, la consultora Fitch Ratings advirtió que la escalada comercial puede debilitar la economía global y presionar al alza la inflación.

En el frente corporativo, Tesla quedó en el centro de la atención con una caída del 13% en sus ventas del primer trimestre, entregando 336.681 vehículos frente a una estimación de 390.343. La producción también se ubicó por debajo de las expectativas, afectada por ajustes en su modelo más importante y el creciente rechazo internacional hacia Elon Musk. A pesar de ello, las entregas en China alcanzaron 78.828 unidades en marzo, lo que representa una caída interanual del 11,5%. Curiosamente, las acciones de Tesla revirtieron su tendencia y se tornaron positivas después de que Político informara que Trump dijo a su círculo cercano que Musk “se irá pronto”.

Amazon, por su parte, irrumpió en escena con una oferta para adquirir TikTok en EE.UU., según reportes del New York Times, mientras se espera una decisión inminente sobre el futuro de la plataforma. Nvidia advirtió que el Reino Unido podría perder competitividad frente a Francia en la carrera por los centros de datos. Rivian reportó la entrega de 8.640 vehículos en el primer trimestre, ligeramente por encima de estimaciones, y reafirmó su previsión de entregas para 2025. En el sector tecnológico, trabajadores de videojuegos autorizaron una huelga en Microsoft, presionando aún más la dinámica laboral del sector.

Europa reacciona con una combinación de firmeza política y flexibilidad monetaria. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, declaró que el bloque está preparado para nuevas contramedidas si fracasan las negociaciones con EE.UU., mientras Alemania y Francia exigen una respuesta más agresiva. El primer ministro francés François Bayrou calificó los aranceles como una “catástrofe para la economía mundial”, y el canciller alemán Olaf Scholz calificó la decisión como “fundamentalmente errónea”. España, a través del primer ministro Pedro Sánchez, anunció un plan de 14.100 millones de euros en respuesta a los aranceles estadounidenses, incluyendo 7.400 millones en nueva financiación y 6.700 millones en instrumentos ya existentes.

Desde el BCE, Christine Lagarde reafirmó que la lucha contra la inflación no ha concluido, aunque los últimos datos han sido alentadores, como lo mencionaron Schnabel y Villeroy, al tiempo que se abre espacio para nuevos recortes de tipos. Holzmann no descarta el uso de políticas monetarias no convencionales para enfrentar la guerra comercial. De Guindos enfatizó la necesidad de actuar con extrema prudencia ante la incertidumbre, y reiteró la importancia de la estabilidad financiera.

Los datos macroeconómicos de la eurozona respaldan una recuperación moderada. El PMI compuesto de marzo se ubicó en 50,9 (vs. 50,4 previo), con Alemania alcanzando 51,3 y Francia sorprendiendo con una mejora a 48,0. Los precios al productor crecieron un 0,2% mensual y un 3,0% interanual, lo cual sigue alineado con la trayectoria desinflacionaria. La AIE reportó un aumento significativo en los inventarios de crudo en 6,165 millones de barriles, muy por encima de las expectativas.

El impacto de los aranceles también resuena en Asia. China, que ya ha restringido nuevas inversiones hacia EE.UU., instó a Washington a corregir sus errores y prometió represalias. El Ministerio de Comercio chino confirmó que abrirá negociaciones con la UE sobre los aranceles a vehículos eléctricos lo antes posible. Japón mantiene abiertas todas las opciones en su respuesta, mientras Corea del Sur solicitó conversaciones bilaterales con EE.UU. al respecto. En este contexto, Goldman Sachs estima que el impacto acumulado de las medidas arancelarias de EE.UU. podría reducir el crecimiento del PIB de China en hasta 1,7 puntos porcentuales. Paralelamente, el Banco Central de Rusia advirtió que los precios del petróleo podrían mantenerse bajos durante años debido a la menor demanda global y el exceso de oferta derivado del crecimiento en los proyectos de GNL.

En el terreno geopolítico, el ministro de Relaciones Exteriores de Francia alertó sobre el riesgo de confrontación militar si no se avanza en un nuevo acuerdo nuclear con Irán. Irán, por su parte, expresó su disposición a reanudar conversaciones indirectas con Estados Unidos.

El escenario global se encuentra en una coyuntura crítica en la que la política comercial y geopolítica ha tomado el control de la narrativa económica. El giro proteccionista de Estados Unidos, encabezado por el regreso de Trump y la imposición masiva de aranceles, está desencadenando respuestas en bloque por parte de Europa y Asia, lo que podría desembocar en una guerra comercial sistémica si no se alcanza una resolución diplomática.

El corto plazo estará marcado por una elevada volatilidad en los mercados financieros, particularmente en sectores como el automotriz, tecnológico y energético. Si las represalias arancelarias se materializan plenamente, los efectos sobre el comercio, la inversión y la inflación podrían ser severos, obligando a los bancos centrales a revisar sus estrategias de política monetaria más rápido de lo previsto.

Para los próximos trimestres, es probable que veamos un crecimiento global más débil, acompañado por presiones inflacionarias de segundo orden. El entorno se vuelve propicio para una política monetaria más acomodaticia en Europa y potencialmente en EE.UU., aunque las decisiones dependerán de la evolución de la guerra comercial. En este contexto, los inversionistas deben prepararse para un entorno de mayor dispersión sectorial y geográfica, donde la gestión activa y la diversificación serán fundamentales.

la nueva arquitectura arancelaria impulsada por la administración Trump representa un punto de inflexión con implicaciones profundas y duraderas sobre los flujos comerciales, las cadenas de suministro globales, la estabilidad macroeconómica y la confianza de los inversionistas. La imposición de tarifas generalizadas a más de 180 países, especialmente aquellas dirigidas al sector automotor con un arancel del 25% y la posible eliminación de exenciones a importaciones baratas desde China, no solo intensifica las tensiones comerciales, sino que introduce un nuevo nivel de incertidumbre regulatoria que compromete la capacidad de planificación de las empresas globales y deteriora el clima de inversión. Esta guerra comercial renovada tiene el potencial de revertir logros clave en desinflación, particularmente en economías como la eurozona, donde el BCE había comenzado a vislumbrar un espacio para normalizar su política monetaria. La fragmentación del comercio se está consolidando como una nueva realidad estructural, lo cual es pernicioso tanto para el crecimiento como para el control de los precios. A nivel financiero, el mercado podría estar entrando en una fase prolongada de volatilidad y rotación sectorial, con activos defensivos, commodities estratégicos y empresas con cadenas de suministro más regionalizadas posicionándose mejor en este nuevo paradigma. El deterioro del entorno macro y geopolítico también podría presionar al alza las primas de riesgo soberano y empresarial, mientras que una eventual rebaja de la calificación crediticia de Estados Unidos —como advierte PIMCO— se convertiría en un evento sistémico con efectos de primer y segundo orden sobre el dólar, la curva de rendimientos y la confianza global. En adelante, la política monetaria probablemente adoptará una postura más flexible, pero limitada por la posibilidad de inflación importada, sobre todo si las represalias arancelarias elevan los costos de insumos claves. El mercado laboral estadounidense sigue mostrando resistencia, lo que mantiene viva la posibilidad de un aterrizaje suave, pero ese equilibrio es cada vez más frágil. Si las represalias se amplían y se incluyen sectores tecnológicos o energía —como advierten escenarios de JPMorgan— el impacto será considerablemente más disruptivo, afectando incluso los márgenes de rentabilidad de las empresas líderes del S&P 500. En síntesis, estamos ante el inicio de una nueva era en la cual la política comercial será un determinante clave del ciclo económico global, y donde los inversionistas deberán adaptarse a un entorno donde la política, y no los fundamentales, marcará el rumbo de los mercados.