Por Felipe Mendoza, Analista de mercados financieros ATFX LATAM
En una jornada marcada por la incertidumbre política y comercial, los mercados financieros globales reflejan una creciente tensión ante las señales de desaceleración económica en EE. UU., el endurecimiento de las relaciones comerciales internacionales y una política monetaria que permanece en zona gris tanto en América como en Europa y Asia. Los anuncios provenientes de la Casa Blanca, junto con los datos macroeconómicos recientes, delinean un panorama en el que los inversores deberán navegar entre temores de recesión, riesgos geopolíticos y ajustes en expectativas corporativas y sectoriales.
En Estados Unidos, los mercados reaccionan a una combinación de factores macroeconómicos y decisiones políticas que añaden volatilidad. Las solicitudes de hipotecas continúan cayendo (-2,0 % al 21 de marzo), con una tasa hipotecaria fija a 30 años apenas inferior (6,71 %), mientras el índice de confianza del consumidor se desplomó a 65,2, su nivel más bajo en 12 años, muy por debajo del umbral de 80 que históricamente ha anticipado recesiones. El Conference Board también reportó una lectura inferior a la esperada (92,9 vs. 94,2 previstas), en un entorno donde el consumidor muestra claros signos de fatiga.
Este deterioro en la confianza del consumidor es destacado por el estratega de UBS, Bhanu Baweja, quien advirtió que el S&P 500 podría caer otro 8 %, hasta los 5.300 puntos. Su visión es reforzada por Alec Phillips, estratega político de Goldman Sachs, quien subraya que los riesgos se inclinan hacia un anuncio inicial de aranceles que impactará negativamente a los mercados, señalando que aunque solo el 15 % de los países enfrentarían nuevos aranceles, representan el 87 % de las importaciones totales. Barclays también reduce su objetivo del S&P 500, ubicándolo en el mínimo de Wall Street, reflejo de la presión arancelaria en aumento. Mike Wilson de Morgan Stanley, por su parte, mantiene su objetivo de 6.500 para el índice, destacando una postura de sobreponderación en sectores como finanzas, industria y energía, y advierte que el soporte técnico de 5.500 se mantendría salvo una desaceleración más severa.
Las recientes declaraciones del presidente Trump refuerzan esta presión, con el anuncio de aranceles fijados para el 2 de abril, sin demasiadas excepciones, apuntando a sectores como el cobre, que ya alcanzó máximos históricos. Además, se considera una implementación en dos fases de un plan arancelario “recíproco”, que podría incluir medidas inmediatas de hasta el 50 %, junto con investigaciones formales como la Sección 301, con miras a generar ingresos para recortes fiscales. Trump también anunció que se encuentra trabajando estrechamente con México y Canadá, que “han dado un paso adelante”, en un contexto donde también avanza en acuerdos estratégicos con Shell, alineando políticas energéticas.
La política fiscal y el techo de la deuda entran nuevamente en juego, con el líder republicano Thune expresando su intención de incluirlo en el próximo proyecto de ley de impuestos. Moodys advierte que la fortaleza fiscal de EE. UU. seguirá deteriorándose en los próximos años. En paralelo, la subasta de T-Notes a 2 años mostró un rendimiento del 3,984 %, inferior al 4,169 % anterior, señal de una menor confianza en el crecimiento a corto plazo.
El mercado inmobiliario muestra señales mixtas: las ventas de viviendas nuevas crecieron 1,8 % en febrero (676K vs. 664K previas), mientras que los precios de vivienda Case-Shiller revelan un aumento anual del 4,7 %, pero con un ritmo mensual más moderado. Las cifras manufactureras del índice de Richmond cayeron fuertemente (-4 en manufactura, -7 en envíos, -4 en servicios), reforzando las preocupaciones de desaceleración en la actividad económica.
Desde el plano corporativo, Dollar Tree anunció la venta de su negocio familiar por mil millones de dólares, mientras Tesla continúa enfrentando debilidad en Europa, con una caída en ventas por segundo mes consecutivo. No obstante, la compañía sorprendió con la exhibición de su robot humanoide en el Capitolio, un intento por retomar narrativa innovadora frente al enfriamiento del mercado de vehículos eléctricos. En un movimiento audaz dentro del universo cripto, la empresa World Liberty Financial, vinculada a Trump, lanzará una stablecoin respaldada por bonos del Tesoro de EE. UU. y depósitos bancarios, reflejando una convergencia entre política, innovación financiera y activos digitales.
En Europa, el Banco Central Europeo, a través del gobernador Villeroy, reiteró que el ritmo y alcance de la flexibilización monetaria siguen abiertos. El BCE considera posible una tasa de depósito del 2 % para el verano, mientras insiste en que la tendencia de desinflación en la región es sólida. Según Villeroy, los aranceles propuestos por EE. UU. no tendrían un impacto inflacionario significativo en la eurozona, pero podrían recortar su PIB en 0,3 % en un año completo. La inflación en Reino Unido descendió ligeramente al 2,8 % en febrero, con una inflación subyacente al 3,5 %, por debajo del 3,7 % previo, reforzando la percepción de alivio en precios. En Alemania, el Tribunal Constitucional ratificó el impuesto de reunificación, una medida histórica sobre 75.000 millones de euros, que reaviva el debate fiscal interno. Mientras tanto, JPMorgan considera que el rally de los bancos europeos aún tiene recorrido, en un entorno de expectativas favorables para el sector.
En Francia, la confianza del consumidor cayó a 92 en marzo (previsto 94), y en el índice de miedo y codicia, el nivel de 29/100 refleja que predomina el miedo. En la geopolítica energética, Moscú y Washington acordaron medidas para garantizar una navegación segura en el Mar Negro, así como la implementación de un alto el fuego energético que excluye ataques a instalaciones clave como refinerías, oleoductos y gasoductos. Ucrania, por su parte, indicó que el alto el fuego parcial se activará tras el anuncio oficial de EE. UU., y se reserva el derecho a solicitar nuevas sanciones y armamento en caso de ruptura por parte de Rusia. La planta nuclear de Zaporiyia sigue siendo motivo de tensión diplomática, con Rusia reafirmando su control exclusivo.
En Asia, Japón mantiene vivas las expectativas de subidas de tipos, con una inflación de servicios corporativos en 3 %. El gobernador del Banco de Japón, Kazuo Ueda, afirmó que continuará ajustando las tasas si las condiciones lo justifican. Toyota, por otro lado, decidió posponer su planta de baterías en el país ante la ralentización en la demanda de vehículos eléctricos. En China, Estados Unidos intensifica su presión al incluir docenas de empresas tecnológicas chinas en su lista negra de exportaciones. Esta medida busca frenar el avance de Beijing en inteligencia artificial, justo cuando la firma DeepSeek lanza su modelo V3 para competir con el GPT-4.5 de OpenAI. Mientras tanto, India y China retoman conversaciones fronterizas en Pekín, un indicio de deshielo diplomático en paralelo al creciente protagonismo de ambos países en la arena geopolítica.
Finalmente, Australia reportó una inflación interanual del 2,4 % en febrero, ligeramente por debajo de lo esperado, lo que ofrece cierto margen al banco central para pausar nuevas subidas de tipos. Los alimentos, bebidas y la vivienda fueron los principales componentes inflacionarios.
El escenario actual refleja un mercado atrapado entre la retórica política y la fragilidad macroeconómica. Las señales de debilidad en el consumidor estadounidense, junto con la incertidumbre generada por la agresiva agenda arancelaria de Trump, podrían actuar como un catalizador negativo para la renta variable en las próximas semanas, especialmente si se materializa la caída en estimaciones de beneficios anticipada por UBS. Aunque algunos estrategas, como Mike Wilson, mantienen una visión constructiva con soportes técnicos sólidos, la convergencia de factores —deterioro fiscal, caída de la confianza, políticas comerciales impredecibles y tensiones geopolíticas— exige prudencia. En Europa y Asia, el tono sigue siendo defensivo, con bancos centrales evaluando el margen para actuar sin desatar presiones inflacionarias, mientras China y Japón enfrentan desafíos estructurales distintos. A corto plazo, prevalece una dinámica de riesgo asimétrico: el potencial bajista está más claro que el catalizador de un rebote sostenido.